Un espía afirma que fue amenazado por La Habana
Declaró Joseph Santos, un agente cubano que confesó
RUI FERREIRA
El Nuevo Herald
Cuando La Habana entrena un agente para enviarlo a Estados Unidos no
sólo le
enseña cómo reportar sus actividades, esconderse o escapar
si es detectado,
sino también qué pudiera pasarle si decide cambiarse
al campo enemigo,
declaró ayer un espía cubano confeso.
``Se considera traición. Nunca me lo dijeron claramente, pero
[en Cuba] se sabe
claramente a nivel nacional que eso pasa'', afirmó Joseph Santos,
cuando el
fiscal federal asistente Dave Buckner le preguntó sobre las
consecuencias que
su gesto pudiera tener en la isla.
Santos, hasta ahora el testigo estrella de la fiscalía, fue arrestado
en septiembre
de 1998, mientras ejercía actividades de espionaje en el sur
de la Florida. Sin
embargo, hizo un rápido arreglo con las autoridades: cambió
una sentencia de
cadena perpetua que le hubieran impuesto por todo lo que sabe sobre
la ``Red
Avispa''.
El tema surgió durante la audiencia y provocó un intenso
debate entre fiscales y
la defensa de los cinco integrantes de la red acusados de espiar para
la isla,
cuando los abogados defensores insistieron en que el testimonio del
espía
confeso se debía a las promesas de la fiscalía de reducirle
la sentencia. Según
Buckner dio a entender al jurado, Santos habría sido condenado
a muerte en la
isla por colaborar con las autoridades estadounidenses.
``Recibió una sentencia de muerte; tiene mucho que perder aunque
digan lo
contrario. Al engañar a la inteligencia cubana se está
exponiendo a castigos. Es
más, hubo amenazas antes del arresto'', sostuvo el fiscal federal
asistente.
Durante poco más de media hora, las dos partes debatieron sobre
quién había
tocado o no el tema y si era relevante para el caso que el detalle
fuera
escuchado por el jurado.
La jueza Joan A. Lenard decidió que si bien no creía que
el asunto era relevante,
podría ser profundizado por la defensa. Los abogados defensores
argumentaron
que la existencia de supuestas amenazas contra Santos era irrelevante,
porque
las mismas habrían sido hechas antes de su llegada a Estados
Unidos en 1993.
``Ni siquiera tenemos claro si hubo amenazas, quién las hizo
y en qué
consistieron'', añadió Paul A. McKenna, uno de los abogados
defensores.
Santos tampoco aclaró mucho, pero dio a entender que, de haber
existido, esas
amenazas habrían sido puramente subliminales.
``Una sola vez antes de venir a Estados Unidos [se tocó el tema].
Un viejo oficial
de la inteligencia cubana me mostró un video clandestino donde
me dijo aparecía
una persona que traicionó, y que él había seguido
y ubicado. Sin embargo, lo
mandaron a salir del trabajo una vez que lo encontró y yo no
sé que pasó
después'', explicó Santos.
En la misma sesión de ayer, un oficial de la Oficina Federal
de Investigaciones
(FBI) que por meses se dedicó a seguir y grabar las actividades
de los
supuestos espías cubanos, brindó detalles sobre un encuentro
clandestino
realizado en Cayo Hueso en febrero de 1996 entre el supuesto jefe de
la red,
Gerardo Hernández, y Antonio Guerrero, alias Lorient, aparentemente
infiltrado
en la Base de Boca Chica. ``Se encontraron en un restaurante de Cayo
Hueso y
Hernández le entregó un saco plástico azul. No
sé qué contenía, pero lo
fotografiamos'', dijo el oficial William J. Murphy Jr., cuyo testimonio
será
ampliado hoy.